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Alcánzame la luna

He vuelto con las pilas cargadas después de un verano de ensueño. Me quedo con todo lo bueno y lo malo, y con una sensación de continuidad y fluidez. Desde hace tiempo que experimento que cada momento que me queda por vivir será mejor.
El verano esta tocando a su fin y sin embargo mi agenda esta llena de eventos que me llenan de alegría,nuevos miembros de mi familia, bodas, nuevas amistades,amigos que regresan, amigos que vienen para quedarse el comienzo de una nueva carrera…
Un mundo, lleno de retos y posibilidades.

Aunque siempre me reservo un hueco para el romanticismo,ese el de toda la vida, el que esta de capa caída…

En momentos como este, me acuerdo del relato: “El rayo de luna” de Gustavo Aldolfo Bécquer. Con aquella frase que decía:

¡qué mujeres tan hermosas serán las mujeres de esas regiones luminosas, y yo no podré verlas, y yo no podré amarlas!… ¿Cómo será su hermosura?… ¿Cómo será su amor?…

Lo quiero todo. Y lo quiero ahora.

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Sueños turcos

Corría el año 2008, un año en el que sino recuerdo mal, todavía nos comunicábamos por messenguer. Estaba ansiosa por saber todo lo concerniente al lugar donde me mudaba, la pequeña y misteriosa ciudad de Benevento. Quería saberlo todo donde viviría. ¿Piso o residencia? y sobre todo, ¿Con quién?

Dado que la experiencia del piso compartido ya la había vivido, me decidí por la residencia, siendo nacida en Madrid una persona tiene pocas excusas para estar en una residencia. De hecho, me solía resultar complicado  explicar porque vivía en un piso compartido viviendo mi familia en Madrid.

Una vez tomada la decisión, fue fácil localizar la única residencia de la ciudad “La Forestería”, mis antecesores habían realizado hasta vídeos de el acceso a la residencia, la cocina, el salón y las habitaciones. Incluso conseguí contactar con un chico que ya estaba allí. Pero resulto que mi contacto español, parecía reírse de mi.

Me decía que las “singolas” estaban muy cotizadas y que me tocaría compartir habitación con un turco. ¿Perdona? ¿Habitaciones mixtas e internacionales? Me parecía un auténtico escándalo.

Así que pase varios días con aquella historia en la cabeza, lamentándome ante mis familiares, amigos y compañeros de trabajo. Nadie escapaba del mazazo de la historia de “dormir con un turco”.

Pero a veces la vida te da grandes lecciones y cuando te ocurre, lo peor aquello que no tolerarías por nada del mundo, te das cuenta de lo necesario que era y lo que cambia tu modo de ver las cosas.

A finales de mi erasmus yo dormía en la misma habitación que mi  amigo Recep Kaya, había un sin fin de habitaciones libres pero yo prefería dormir con mi amigo porque tenía miedo por las noches en aquella residencia tan grande y vacía. Fui yo misma quien le pidió que durmiese conmigo y más tarde le seguí hasta San Nicolla de Arcella en la región de Calabria donde el trabaja en una Vineria y pasamos varios días cocinando, ayudando en la vineria y disfrutando de la playa.

Mi relación con Turquía y sus gentes empezó ese año, creo que nos sucede a todos que cuando empezamos a absorber rasgos de una cultura queremos visitar el país del que proviene.

Estando en otra de las habitaciones de la Forestería, en este caso la de Bayan de origen iraquí, me fije en un calendario que tenía un montón de imágenes de sitios fantásticos…¿De donde son estas imágenes?

Son de Turquía, me lo han regalado los chicos- me respondió.

Había imágenes de ruinas, imágenes de desierto, globos de colores, playas de ensueño y algo que yo bautizaría las “piscinas del cielo o el lugar más bello del mundo”. Se trataba de Pamukale, en aquel momento supe que tenía que ir allí…

Este verano por fin he cumplido mi sueño, en mi segunda visita a Turquía. Hasta ahora no había escrito nada sobre Turquía porque pienso que mis palabras nunca estarán a la altura de su belleza y de las sensaciones y experiencias que he vivido allí.

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Hace unos pocos días, Recep compartió este vídeo en Facebook, a mi me hace llorar, a veces la belleza me hace llorar. Parece como si se hubiesen metido en mi mente y hubieran reproducido muchos de mis recuerdos.

No se lo que despertará en vosotros, tal vez las ganas de visitar Turquía, o de coger una mochila y echar a andar por el mundo.

En cualquier caso creo que os gustará…

 

Las alas de Ícaro

Corren días de postureo y florecimiento de la cultura Hipster, no es que me vanaglorie de esto pero puedo confesaros  que, en líneas generales,  no tengo ni idea de música. Como ya dije en anteriores ocasiones siento fascinación por lo repetitivo y ritmos muy básicos.

Tenía una espinita clavada, nunca había ido a ningún festival y el Festival Arenal Sound 2014 se ha perfilado como mi Woodstock particular. Siempre había oído eso en las pelis que dice yo estuve en Woodstock, un festival que marcó un estilo de vida y una generación.

No pretendo paragonarlo pero es cierto que la música, el ambiente y esos días te cambian, son experiencias que se se quedan dentro de ti para siempre.

Mi amiga Erika me ofreció la oportunidad de ir a este festival, un día en un concierto estábamos hablando de que a las dos nos gusta Placebo. Al parecer los escurridizos de Placebo siempre se le escapaban en concierto, por una razón u otra nunca conseguía verlos. Y allí nació la idea…iremos al próximo festival en el que toquen… Wellcome!! Arenal Sound!

Sin embargo la idea de pasar casi una semana en un camping no nos seducía demasiado, mi principal pega no eran las condiciones higiénico-sanitarias, sino el imaginar en sol de medio día pegando fuerte en la lona de la tienda mientras dentro podríamos freír huevos. Eso por no mencionar el ambiente alrededor de la tienda, personas que no se quieren ir a dormir y berrean durante horas y horas…Así que mi amiga busco alojamiento en un pueblo cercano…

NULES! De modo que ir y volver cada día del festival se conviertió en una odisea de caminatas, renfe, buses y lucha por un taxi libre. Todo ello compensaba por dormir en una cama blandita y con aire acondicionado, y disfrutar de una ducha decente.

Nos alojamos en el Hostal Pepe’s, sus dueños son muy atentos. Un día nos lo pasamos durmiendo y comiendo pizza en el cuarto, y tocaron para preguntar si estábamos bien.

Para las comidas lo teníamos solucionado en Casa Manu, tomamos paella, calamares, la famosa “enterita” Sepia a la plancha, mejillones, pasta carbonara, todo riquísimo. El propio Manu nos bajo a la estación el día que nos íbamos.

Todavía no hice el camino de Santiago, pero este año me he preparado a conciencia. En los casi 10 km que cubrían la distancia de Nules a la Playa de Burriana, donde se ubicaba el festival, tuvimos tiempo de sobra para filosofar, comentar e intentar buscar solución a un sinfín de cuestiones. La primera vez cogimos aquel camino casi al anochecer.

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El camino pasaba por grandes extensiones de naranjos, un paisaje verde y bastante homogéneo. Percibo algo de artificial en las cosas que son demasiado homogéneas, algo a lo que al hombre aspira y parece nunca terminar de alcanzar, esa perfección añorada. Y mientras tanto camino como una Eva de un paraíso primigenio, una especie de camino iniciático que no se muy bien donde porta.

O tal vez sí, porta a los cantos de sirena que te reciben en cuanto pisas suelo urbanizado…podría estar sonando: La pegatina o Iván Ferreiro, y nosotras llegábamos con la ilusión de los peregrinos.

Nadie parecía creer eso de que llegábamos andando, como nadie parecía creer que me compré un monopatín y me dí unas vueltas por allí.  Y me preguntaba, entre toda esa fauna, realmente te resulto tan extraña.

Conocimos a mucha gente, pero mis preferidos sin duda alguna fueron “los yogurines”, un grupo de chicos y chicas que no tenía entrada para el festival. Los conocimos en la playa, en unos columpios, mientras me colgaba de unas anillas. Me llevo 12 años con ellos pero me hacen recuperar mi esperanza en la humanidad, tan risueños, tan extrovertidos. Siempre se alegraban de vernos y compartían lo poco que tenían. Iban todos los días allí, había tanto ambiente fuera del festival como dentro, ellos tenían una ventaja les venían a recoger.

Durante el festival descubrí un montón de grupos distintos. La actuación de Columpio asesino me marco, pensé: realmente para escuchar esto hay que drogarse.

Mientras ellos tocaban, empezamos a fantasear con formar un grupo, sobretodo nos dedicaríamos a las letras.

Lo llamaríamos: “Las alas de Ícaro” porque la música puede hacerte volar muy alto, porque aunque tus padres o la sociedad te digan que no hagas algo, tu quieres volar más y más cerca del sol hasta que la cera se derrita.

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Al volver a casa me he puesto a navegar y me he topado con “El vuelo de Ícaro” música barroca, creo que nuestro grupo imaginario seguiría más un estilo parecido al Columpio asesino.

Bonus track: Aquí os dejo una lista de todas las cosas que  me encontré en el festival. El truco esta en mirar al suelo…

-Una camisa vaquera sin mangas del estradivarius

-Un collar multicolor de coco

-Una pulsera trenzada de color fucsia

-Una chapa de La raíz

-Una linterna de aluminio

-Un mechero

-Un billete de 10 euros

-Un monedero con 25 euros

-Unas gafas sin cristales (muy Hipster) ni patillas ( extrahipster, jajaja)

 

El sol del mediterráneo

Pese a no tener raíces andaluzas debo confesar que me encanta el gazpacho y el salmorejo.  Además resulta muy fácil de preparar y sales de la cocina con la sensación de un trabajo bien hecho.

Cuando llega el verano me afano en preparar ollas y ollas que luego ofrezco a familiares y amigos.

Los que más agradecen este plato son los vegetarianos, en esta ocasión he sustituido los tacos de jamón por tacos de huevo y almendras.

Para adornar el plato y que exista un cambio de texturas he utilizado unos nachos, me recuerda un poco a la cocina mejicana.

Os animo a seguir esta receta y sorprender en casa a todos con algo bonito para la vista y sabroso al paladar. Empecemos pues a preparar nuestro “Sol del mediterráneo”.

Ingredientes:

-De cuatro a cinco tomates maduros, ¡Mejor cuanto más blanditos!

-Una manzana ( la variedad da un poco igual, esta vez yo usé la Fuji que le aporta más frescor).

-Media cebolla ( podéis echar menos u omitirla).

-Un par de dientes de ajo.

-Un huevo cocido.

– Un puñado de almendras.

-Una bolsa de nachos.

-25 gramos de pan rallado ( un puñadito)

-Aceite, vinagre y sal

Necesitamos también una batidora y un vaso grande de batidora, aunque yo a veces prefiero usar una olla y así evitas salpicaduras.

Lo primero que cojo es una tabla de madera para cortarlo bien todo,y un cuchillo bien afilado, pico la cebolla y el ajo, los tomates y la manzana los dejo en trozos pequeños para que la batidora pueda trabajar bien. Lo pongo todo en el vaso y añado el pan rallado,la sal, un chorrito de aceite y otro de vinagre. Lo bato bien todo.

Para presentarlo lo ideal sería un bol o un plato hondo, coloco encima el huevo picado y las almendras picadas, y los nachos alrededor.

Et voilà! ya tenemos nuestro sol del mediterráneo.

Ya me contaréis como os quedó.