Mis vocaciones infantiles

Esta semana he estado dándole vueltas a un estudio sobre las aspiraciones profesionales de los adolescentes realizado por la Universidad Carlos III de Madrid. La nota de prensa me la paso la redactora de Kampussia Lourdes Sanz, y el tema me pareció interesante de primeras.
Después de leerla bien y escribir el artículo, no me he quedado muy convencida con las conclusiones de estos científicos.

Normalmente idolatro a los científicos, si lo dice la ciencia me lo creo “a pies juntillas”, cierto es también que esto me sucede tan sólo con las llamadas ciencias puras (matemáticas, física, química y biología), cuando se trata de ciencias sociales…la cosa cambia. Tal vez sea que usan otros métodos u otras estadísticas, o tal vez sea que me dejo guiar por el sentido común, pero creo que las verdaderas vocaciones nacen de lo más profundo de nuestro ser, es cierto que el entorno próximo, la familia, los amigos o la sociedad pueden hacernos cambiar de idea.

Pero queridos lectores, yo me quedaré con la primera. Desde muy pequeña quise ser veterinaria.
Quería curar a todos los animalitos del mundo. Adoraba las palomas, las ardillas, los caballos, las serpientes y los cerdos.

Hay varios episodios que marcaron en mi infancia mi relación con los animales:

-En una película del oeste, una caravana se caía por un precipicio, yo solo preguntaba que les pasaría a los caballos, me pasaba exactamente igual con las de guerra. Solo me afectaba si morían animales. (Razón por la cuál abandoné la idea de hacerme veterinaria, tarde o temprano los animales a los que tanto amaba morirían)

-Un buen día fui a pedirle un beso a mi padre y la perra dálmata de casa de mis abuelos salto sobre mí mordiéndome en la boca.

-En la feria del pueblo me compraron un pollito, lo puse a andar sobre la mesa, cuando llego al borde, no lo toque para ver si volaba. Lloré mucho y le pregunte a mi madre que si era un pollito porque no volaba. La respuesta de mi madre creo que fue algo así como que aún no podía hacerlo. Pensé que era una mierda de pollito. (Creo que el pollito murió) Nunca más me compraron pollitos.

-Siempre era la primera niña que estaba tirando pan a los patos o corriendo detrás de las palomas.

Creo que sobre los 10 años quise ser arquitecto, mi padre había estudiado delineación y a mi siempre me fascinaron los planos. (creo que los mapas aún más). Me pasaba el día con las construcciones de lego y los mecanos. Monta y desmonta. Cuando finalizaba algo y no sabía que más hacer, cogía las plastilinas, barro, mimbre, siempre estaba con alguna cosa entre manos.
Un buen día alguien me dijo que para ser arquitecto habría que estudiar mucho y sobre todo matemáticas, fue casi instantáneo, a dios a ser arquitecto.

Durante todo este proceso, no paraba de disfrazarme, organizar obras de teatro y gags cómicos, pero nunca pensé en ganarme la vida con ello.

A los 14 años lo supe otra vez, viajes, exploración, conocimiento, yo quería ser bióloga.
Amaba la vida, amaba a cada pequeño animalito, la célula y cada orgánulo. Pese a eso, sacaba mejores notas en historia, quizá porque siempre me gusto contar historias y que me las contaran.

En la actualidad, me fascinan las nuevas tendencias, las nuevas tecnologías y el Marketing. Me sigo interesando por el medio ambiente y por la divulgación científica.

Como decía el estudio: “solo el 6% por ciento trabajará en lo que soñaba de niño”, pero es que yo aún sigo cambiando y nada es definitivo hasta que caiga el telón.

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