El musical del rey león y las verdades del Zen

La vida es “fusión”, muchas veces he experimentado fenómenos de lo que puedo llamar “sincronicidad”, tal vez esto no sea más que una jugarreta de mi mente cuando se empeña en centrarse en un tema y relacionarlo todo, tal vez así sea, pero no por ello deja de parecerme mágico.

Desde hace unos días estoy leyendo sobre la doctrina ZEN. Ya había oído esta palabra antes, más o menos el concepto que tenía era algo así como búsqueda de la paz, la armonía y la calma a través de la meditación.

Incluso hace años que tengo mi propio jardín ZEN, el jardín viajó conmigo hasta Italia, donde más que una fuente de meditación y paz, resultó ser una fuente de curiosidad y relación social. Ya que todos los que visitaban mi habitación en la residencia reparaban en él. Les gustaba jugar con el pequeño rastrillo y hacer dibujos en la arena.

Algunos preguntaban que para que servía y yo les decía que para relajarse  o para crear diseños únicos que eran el reflejo de su personalidad ( esta parte me la inventaba siempre me ha gustado jugar a ser psicoanalista como Freud) Lo cierto es que cada vez que alguien cogía el rastillo el jardín cambiaba completamente y el resultado a veces daba una mayor sensación de armonía o de movimiento, etc.

Mientras escribo estas líneas estoy frente a mí jardín Zen que ya ha conocido 7 casas y hasta hace unos días no había reparado en todo su simbolismo, ni en como ha ido de algún modo creciendo, es decir, ganando piezas como un Belén occidental.

Elementos:

-arena: representa el agua. Las energías y el soporte de la vida.

-piedras: actualmente tengo un canto rodado muy pequeño con letras chinas. ( creo que era de mi madre). Las demás piedras andarán por ahí. Representan los problemas u obstáculos en la vida y como los sorteamos.

-velas: cuando lo compre tenía velas en forma de piedra (hasta la luz para iluminar el camino suponía un desafío). Actualmente no tiene velas.

Hasta aquí los elementos principales, además cuenta con un pequeño Buda sonriente llego a mí jardín, aún cuando yo no sabía que él es la razón última de todo. De hecho el Buda fue un regalo de un desconocido en Nápoles, aunque Alejandro siempre decía que le toco dar un donativo a nuestro desconocido. En cualquier caso, el Buda llego a mí por la vía de la generosidad y de la compasión…al menos eso es lo que me gusta pensar.

También cuenta con un cuenco, relacionado también con el budismo, una flor de loto que resulta ser una vela, vaya después de todo mi camino si tiene luz! Y una concha de mar que hace las veces de piedra. En ocasiones también saco a pasear a un dragón chino que vino desde Amsterdam. (siempre me encantaron los dragones)

Este es mi jardín, para mí el más bello y cambiante, un reflejo de mi vida y de mi concepción de la naturaleza del Universo.

Retomemos la lectura de la Guía Zen, para explicar el camino del Zen, primero resume la vida de Buda y nos habla de los cuatro principios o verdades, ( de las cuales hablaré otro día, para que esto no se alargue mucho, queda anotado) por lo que hasta ahora he leído estoy encantada con el camino. No parece un camino fácil y apetecible, pero parece un sendero que conduce hacía una verdad superior o un estado de consciencia superior. De hecho, lo verdaderamente importante parece ser el camino.

Para mí y mi pequeña mentalidad de gusano el problema radica en el final del camino, el objetivo de todo ese aprendizaje y esfuerzo.

Estoy demasiado apegada a las pasiones humanas y a las cosas materiales como para poder hacer ese esfuerzo. (Hoy por hoy)

Puedo entender que todo sea transitorio, que todo fluya, que todo cambie, que todo se transforme, que no exista algo permanente. Para mí, las cosas son lo que son, mientras que lo son. Después dejan de ser y ya no son, o son otra cosa. (clarísimo)

Pero ellos van más allá, es un más allá fuera de los conceptos de la existencia y la no existencia. Es la pastilla roja en Matrix, cuando leo sus “Sutras” tengo la sensación de estar cayendo por la madriguera del conejo de Alicia en el país de las maravillas.

Doy vueltas y más vueltas a la no existencia del yo, a que cuando lo descomponen ya no queda nada ¿ Acaso nadie les hablo de las propiedades emergentes de un sistema?

¡Me niego a no existir, como mínimo soy una propiedad emergente del sistema que es mi cuerpo al tener un cerebro!

Y lo cierto es que estaba confundida, aturdida, enfadada y asustada…

Hasta que se levanto el telón y comenzó a sonar la música, y vi las brumas de un nuevo día y el sol de África alzarse en el horizonte.

Y una potente voz cantar:

Nants ingonyama bagithi baba
Sithi uhm ingonyama
Nants ingonyama bagithi baba
Sithi uhm ingonyama
Siyo nqoba
Ingonyama nengw’ enamabala…

Desde el día que al mundo llegamos
Y nos ciega el brillo del sol
Hay mucho más para ver de lo que se puede ver
Más para hacer de lo que da el vigor

Son muchos más los tesoros
De los que se podrán descubrir
Mas bajo la luz del sol jamás habrá distinción
Grandes y chicos han de convivir

En el ciclo sin fin que nos mueve a todos
Y aunque estemos solos, debemos buscar
Hasta encontrar nuestro gran legado
En el ciclo, el ciclo sin fin

Es un ciclo sin fin que nos mueve a todos
Y aunque estemos solos, debemos buscar
Hasta encontrar nuestro gran legado
En el ciclo, el ciclo sin fin.

Y comenzaron a desfilar, cebras, antílopes y jirafas moviéndose con gran gracia bajo ese sol, todo esta vivo, todo en movimiento.

Era un momento muy emocionante, por el musical en sí y porque me dí cuenta que a mí me costaba ver a los animales, porque veía todo el tiempo a las personas que había detrás de ellos. Las personas que los hacían moverse como marionetas, las personas les daban voz y sentimiento.

Pensé entonces en mi sobrino Enzo mirando un teatro de títeres que le regalamos por navidad, el nunca ve los hilos, no piensa que haya nadie detrás para el lo real  es el personaje y no quien maneja al títere, del mismo modo me di cuenta de que soy como un niño al lado de los budistas o los maestros Zen.

Y ahora puedo comprender como pueden ver ellos con tal claridad ese más allá de la realidad y del yo, incluso admitir que tal vez no exista un yo. Ellos ven por encima de la realidad, ven lo que esta al otro lado o en otro plano.

Porque he experimentado esto en primera persona, ha sido mi pequeña “iluminación” y es algo que no se va a perder en mí porque te lo estoy contando a ti.

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